Acaricio el papel
donde quedaron atrapados tus rasgos
y sienten mis dedos otra vez
la rugosidad de tus labios siempre húmedos.
Entra tu aroma
con la brisa propia del verano
a mi cuarto
metiendo bajo mi sabanas a tu piel desnuda.
El abrazo que sueño
entibia los fríos recuerdos
me hundo en el delirio
de mis pulsiones explosivas.
Te hago el amor aunque no estés
y en tu placer me siento vivo
solo esta locura me impide
morir de soledad.
Escribo estos versos cada noche
mientras mi alma languidece
te nombro entre sollozos
y me extingo lentamente.
viernes, 26 de septiembre de 2008
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