Llueve. Sería difícil imaginar mi cumpleaños sin lluvia. Lo extraño es que las paredes no están repletas de guirnaldas, ni de globos de colores. La familia alrededor de la mesa, dejando un lugar vacio. La ausencia de mis amigos también es un hecho destacable. La música suave, no se puede traducir en alegría. La cena: canelones de verdura a la parisienne, justo como a mí me gusta, acompañada de un merlot exquisito. Se nota que soy el homenajeado.
Durante la cena algunas sonrisas, varias anécdotas que se ponen interesantes cuando se vacían las copas. A Marcos se le ocurre leer algunos de mis poemas y los recita. Mi vieja se levanta de la mesa y sale al patio de atrás, mi viejo sale tras ella para abrazarla. Es evidente que esta emocionada. En la mesa todos en silencio. Marcos pide disculpas.
Me gustaría que no fuera así. Es mi cumpleaños y amo las fiestas, los quiero ver a todos bailando, riendo, tomando fernet. Por favor, levantes sus copas y brinden por mi eterna ausencia.
martes, 30 de septiembre de 2008
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3 comentarios:
yo, si quieres brindo...
pero no por tu ausencia... no...
sino por tus poemas.
Hagamos un brindis porque la ausencia también a veces es necesaria, (pero en algunos momentos es indispensable). Al menos no faltó que comer y beber. Salud Poeta.
Viejo, sencillamente increible...
Brindo, como hace rato lo hice y aun siento todo dando vueltas, por este y todos tus poemas, sigue asi, demosle poco a poco a la vida ese pedazo de alma que le hace falta (Y)
Saludos, colega.
http://elcalvariodelcorazon.blogspot.com/
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